Interpretación de los sueños

Sección: Literatura

Por suerte Mara se recuperaba. Llevó tiempo, pero entre todos logramos animarla. Al volver al consultorio se atrevió a participar en las reuniones y trajo cosas muy productivas. Nos recordó a la que era antes del accidente.

Al hacer memoria de lo que pasó se me eriza la piel. Me aparece de improviso por las noches o en el medio del discurso de algún paciente.

Mara había discutido con Hernán como nunca en su vida. Quizá producto de sus procesos internos, en su análisis habrá visto cosas que la movilizaron mucho. Lo cierto es que esa noche, en que los amigos estábamos reunidos, la discusión entre ambos comenzó por una tontería. El color ocre del cuadro de Hernán no le parecía bueno a  ella. Se lo decía mientras él la miraba entre asombrado y divertido.

En años de convivencia fue la primera crítica que le hizo a sus pinturas. Hernán le dio una explicación acerca del porqué de esa combinación de colores. Sus palabras pueriles atentaban contra la inteligencia de Mara. Sabíamos que ella lo veía como una especie de semidiós y pensamos que no lo iba a cuestionar. No era la primera vez que sucedía. Pero nos equivocamos. Ella comenzó a contestar por lo bajo, cuando ya Hernán estaba hablando con Julio.

Mara dijo que la explicación estaba bien pero que seguía pensando que el ocre era un color triste (¿o pobre dijo? No recuerdo bien) y que de esa forma resaltaba su limitación. Hernán la miró de costado y siguió hablando con Julio.  Lo que vino después fue una tromba, un cataclismo imposible de describir. Hay momentos en que el entendimiento no logra captar lo que sucede y que estamos tan involucrados que no podemos tomar distancia. Eso es lo que me sucedió a mí. Como supervisor de Mara me avoqué a que nada grave sucediera. Sólo recuerdo que ella le gritaba que el magenta era mejor, lo decía como si se refiriera al suceso más terrible de la tierra. En un momento se levantó de su sillón y le tiró la cerveza de su vaso en el rostro, creo que ahí nos dimos cuenta de que estaba medio ebria. Hernán mascullaba su odio en un lenguaje incomprensible cuando Clara y Lucía se interpusieron entre ambos. Si la memoria no me falla, en ese momento Hernán tomó el abrigo, las llaves y se fue. Todos nos miramos cuando escuchamos el arranque del auto, mientras Clara y Lucía abrazaban a Mara que se sentaba sin parar de llorar.

Lo que sucedió después no lo recuerdo bien, creo que yo también había tomado de más y apuré el sorbo de whisky. Pude advertir que me temblaba un poco la mano.

Después, el llamado, las corridas, el aviso del accidente que le quitó la vida a Hernán. Nos turnamos para acompañar a Mara que balbuceaba frases incomprensibles. Todo fue más bien triste. El comienzo de un largo camino para recuperarnos y recuperar a nuestra amiga.

Pero la primavera llega y la vida sigue. Y un día, no sé con exactitud cuándo, Mara comenzó a sonreír. Retomó la atención de sus pacientes y a hacer planes para irse de viaje en el verano con sus amigas.

La primera vez que me habló de Lorenzo nada se destacaba mucho del caso. Era un hombre solitario y mediocre que la consultaba por las pesadillas que le dificultaban conciliar el sueño.

Pero un día afirmó en supervisión que el paciente comenzó a relatar  acontecimientos de ella y Hernán que sólo los dos conocían y se la notaba muy angustiada. Pensé que era una locura momentánea de Mara debido a su dolor y que pasaría.

No fue así. Insistía que este hombre relataba en sus sueños situaciones que tenían que ver con su vida y con la de su pareja fallecida. ¿Era posible que Mara estuviera delirando?

Le sugerí que derivara al paciente. Cuando lo dije me miró con una mirada tan…, ¿cómo decirlo? La mirada que tienen los psicóticos del hospital, la mirada de todo aquel que se extravió y que no comprende las indicaciones para retomar la ruta. Y no sólo eso, sino una resignación al comprender lo que le estaba indicando, sabiendo que mi falta de aprehensión nos alejaba definitivamente.

A los días me comentó, como al pasar, que había derivado al paciente. No pregunté nada, en el fondo temía que el dragón despertara nuevamente. Así que me olvidé del tema hasta hoy, que decidimos forzar la puerta del departamento de Mara, con la policía presente, ante la ausencia de respuesta a las llamadas telefónicas y a los timbrazos.

Mara no estaba allí, pero encontré el cuaderno donde anotaba las sesiones con sus pacientes. Descubrí entonces que no había derivado al que supuestamente soñaba con ella y con Hernán.

En las últimas páginas cuenta que el atelier del pintor, que justamente se llamaba Hernán, que el paciente describe, es una réplica fiel del de él. Lo último escrito por Mara es el relato de uno de los sueños: el paciente llega al atelier, el artista lo saluda mientras sigue pintando un cuadro. Tiene en la mano una paleta de colores, gira su cabeza hacia él y le dice sonriente: “Tenía razón, el magenta queda mejor.”

 

Be Sociable, Share!

Postea un comentario